Dificultades en el desarrollo psicomotor o del lenguaje, adicción, mala conciliación del sueño o ciberacoso, son algunas de las consecuencias más comunes del mal uso de la tecnología entre los más pequeños.

a era de los nativos digitales o aquella en la que nacemos o vivimos rodeados de nuevas tecnologías, se evidencia en cifras como las siguientes: el 77,1% de las viviendas familiares españolas dispone de ordenador; en el 96,7% de los hogares está implantado el teléfono móvil; o en el 81,9% se tiene acceso a la Red. Estos datos han sido extraídos de la encuesta TIC-H 2016 sobre el Equipamiento y Uso de Tecnologías de Información y Comunicación en los Hogares, recientemente publicada por el Instituto Nacional de Estadística (INE).

Situándonos en el contexto actual, es evidente pensar en las potenciales ventajas que pueden llegar a ofrecer estas nuevas herramientas, las cuales están transformando todos y cada uno de los sectores de la sociedad así como las interacciones entre individuos a nivel mundial. No obstante, no está tan extendido el análisis o reflexión sobre los problemas que sobre la salud puede ocasionar un mal uso de dispositivos como los smartphones, tablets u ordenadores.

Si, además, centramos el foco de estudio en la población infantil y adolescente, presenciamos cómo el incorrecto comportamiento de los padres ante la crianza de sus hijos en relación a estas tecnologías, puede conllevar que los más pequeños y jóvenes sufran distintas patologías. Así lo ha confirmado a SaluDigital.es, la doctora María Salmerón Ruíz, pediatra y médico adjunto en la Unidad de Medicina de la Adolescencia en el Hospital Universitario La Paz de Madrid.

NEGATIVO EN MENORES DE 3 AÑOS

Para constatar estas posibles dificultades, la Dra. Salmerón hace mención a la Sociedad Americana de Pediatría (AAP, en sus siglas en inglés) que en un reciente informe ha transmitido nuevas recomendaciones en las que directamente informa que los niños menores de tres años no deberían estar expuestos a un uso abusivo de las nuevas tecnologías. Esto se debe a que una mala utilización puede influir en el desarrollo psicomotor del pequeño, en el del lenguaje o en el del apego y el vínculo.

A estas edades, según la pediatra María Salmerón, el niño necesita practicar la interacción “uno a uno”, comunicarse con otra persona, sea niño o adulto, que hable con él o conocer la interacción con los objetos para fortalecer la coordinación mano-boca o aspectos como la tridimensionalidad. El problema de estos dispositivos es que “no permiten ningún tipo de interacción”, salvo aquella que ejerce el dedo sobre un plano.

Por otra parte, en esta edad tan temprana se debería hacer un “uso lúdico, como una parte más del juego y siempre acompañado de un adulto, pero nunca como un entretenimiento”. Situaciones como dejar a un niño sólo delante de una tablet o un teléfono móvil, en las que estos aparatos tecnológicos actúan más como sustitutos del papel de los padres en vez de como complementos, “puede llevar a repercutir en problemas en el desarrollo psicomotor, según están indicando muchos profesores”.

Si los menores de tres años no deberían exponerse a estas tecnologías, la Dra. Salmerón se pregunta “¿cuándo se deberían empezar a utilizar?”. A esta cuestión, apunta, “nadie se atreve a contestar con una sola cifra”. Lo que sí tiene claro es que en esos primeros años de vida “la necesidad de aprendizaje y de desarrollo, en muchos aspectos, es mayor que en años posteriores”. No quiere decir que luego no se desarrollen, pero sí que la velocidad puede ser menor.

MÁS PROBLEMAS CONFORME SE CRECE

Posteriormente, entre los cinco y diez años aproximadamente, se llega a “la época del acompañamiento”, aquella en la que los adultos deben “educar en las nuevas tecnologías, intentar que la navegación sea compartida y enseñarle el uso adecuado de las mismas al igual que se educa al niño en cualquier otra escena de la vida, como cruzar una calle o la importancia de la seguridad vial”.

Por otra parte, a partir de los diez años, uno de los principales problemas que aparecen es que se disparan los riesgos de que los adolescentes puedan llegar a contactar con información “inadecuada o inexacta” para su edad. Esto “no debe ser ajeno para los padres”, porque “si a un niño de 12 años no le dejas salir hasta las dos de la madrugada y de él conoces todos sus amigos, lo correcto sería no permitirle utilizar estos dispositivos tanto tiempo en sus habitaciones o por la noche”.

Y es que, según la citada encuesta del INE, el uso del ordenador y de Internet entre los menores de 10 a 15 años es del 94,9% y del 95,2% respectivamente. A su vez, la disposición de teléfono móvil se incrementa significativamente a partir de los 10 años, hasta alcanzar el 93,9% en la población de 15 años.

Asimismo, este estudio dirigido a personas de 10 y más años residentes en viviendas familiares, muestra que una de cada tres personas de 16 a 74 años ha comprado a través de Internet en los tres últimos meses; en torno a tres de cada cuatro usuarios de Internet ha suministrado en el último año algún tipo de información personal; y el 66,8% de los usuarios de Internet ha participado en los últimos tres meses en redes sociales como Facebook o Twitter, siendo los estudiantes (con un 90,7%) y los jóvenes de 16 a 24 años (91,1%) los más participativos.

AFECTACIONES Y TECNOADICCIONES

Además de poder acceder a contenido inadecuado para la edad, pueden manifestarse otro tipo de riesgos como son las afectaciones de no poder conciliar el sueño por el uso de las tecnologías antes de dormir, situaciones de violencia que se da en las redes como el odio y el ciberacoso, o las tecnoadicciones o conductas adictivas a Internet que pueden llevar al aislamiento social.

Para la doctora María Salmerón el problema no es tanto “la cantidad de tiempo que uno pase sino lo que provoca la adicción que es la incapacidad para desconectarse”. Lo que ocurre es que, como cualquier adicción, cuando la persona más cercana a aquella que sufre la patología intenta regular su uso, se encuentra la confrontación porque esa persona piensa que no tiene ningún problema. “Es muy difícil que una persona que tenga problemas de adicción lo reconozca desde un primer momento. Eso hace que sea muy difícil regularla”.

En estas situaciones, puede ocurrir que se produzcan enfrentamientos con las personas adultas en un intento de éstos de ponerles un límite. Además, pueden surgir trastornos de conducta como actuar de forma agresiva hacia los propios padres o hacia los objetos. Ante ello, y aunque no exista un perfil específico, según la doctora es importante que los niños “tengan alternativas de ocio” y que se les cuide y vigile la autoestima.

RESPONSABILIDAD Y DAR EJEMPLO

Para esta pediatra, que también es activa en las redes con su blog ‘Mi mamá ya no es pediatra’, “no se trata de demonizar a las nuevas tecnologías”. En su lugar, se ha de “conocer las herramientas y de saber cómo hacer un acompañamiento a lo largo de la vida de tu hijo como en otros niveles”. Según la Dra. Salmerón, que también asume que los pediatras y otros profesionales sanitarios deben estar bien formados y actualizados en estas materias, está demostrado que los niños que han recibido formación sobre cómo utilizarlas, sufren menos riesgo de que practiquen un mal uso.

No obstante, la responsabilidad “es social” ya que está comúnmente permitido que a un niño de entre 10 y 15 años se le regale un teléfono móvil o una tablet. Ante ello, apunta la médico adjunto del Hospital de la Paz, “es necesario un cambio de mentalidad de la sociedad” ya que estas herramientas “les permiten realizar una serie de actividades que a lo mejor no están capacitados para hacerlas”.

A pesar de ello, la solución no pasa por que los adultos se aíslen, sino apostar por el diálogo y la educación. Éstos, indica la pediatra, “deben conocer donde están los niños y los adolescentes, qué redes sociales usan y acompañarles”. Asimismo el dar ejemplo es “algo fundamental y no se suele hacer mucho”. Así, “no se pueden poner límites a los hijos que nosotros mismos no cumplimos”.